viernes, 15 de noviembre de 2013

Sildenafil, tadalafil, vardenafil: la química del sexo


Todavía recuerdo como si fuera ayer la primera (y única) vez que leí el prospecto de Levitra. Parece que han pasado siglos desde entonces y en realidad no hace ni medio año. Pero con la cantidad de cosas que he vivido en todo este tiempo, tengo la sensación de que me he echado vario un siglo a las espaldas. A veces cuando me paro a pensarlo me da hasta vértigo. Y es que he pasado de ser un crápula viva la virgen a un monje que se mete en casa porque necesita descansar del sexo. ¡Del sexo! Suena a aberración, a blasfemia. Seguro que en alguna parte del Infierno estará Casanova retorciéndose de decepción. Es lo que hay. Desde que lo he dejado con Anna no acabo de sentirme a gusto. Tampoco es que haga mucho por mejorar. Los de la pandilla no paran de insistir para ir de birras después del trabajo o para organizar alguna cosa los findes y a veces me apunto, aunque casi prefiero tomarme un vino tranquilito por ahí con Miguel y Carlos. No me apetece tanto barullo alrededor.

Y os preguntaréis vosotros a cuento de qué vuelvo hoy a repasar cuando todavía estaba dándole vueltas a lo de las pastillas para la impotencia. Leyendo el prospecto tuve la sensación de que todo aquello iba a hacerme explotar el pito como mínimo. El lenguaje técnico y la lista de contraindicaciones, efectos secundarios, precauciones y advertencias varias son capaces de acojonar al más valiente. Yo, que soy un cagado hipocondríaco, estaba que me moría de los nervios. Al final me pudieron más las ganas y decidí arriesgarme. Al fin y al cabo, mi urólogo me lo había recomendado, así que no podía estar tan mal. En la página donde compré Levitra online, el equipo médico tampoco vio ninguna incompatibilidad con mis informes de salud. Tiré para adelante.

A veces me pregunto qué es lo que hace diferentes a Cialis, Levitra y Viagra. He leído que cada uno tiene un principio activo propio (tadalafil, vardenafil y sildenafil, si no me falla la memoria), pero sigo sin entender por qué hay tres tratamientos para la impotencia distintos cuando al final funcionan todos de la misma forma. Si bien lo pensáis, se trata de elementos que ayudan a mejorar el riego en la zona. Supongo que la explicación científica será más larga, de todas formas. A lo mejor es que los principios activos, aunque actúan igual, vienen con su propia trastienda. Que unos tienen más posibilidades que otros de causar reacciones o efectos secundarios. No sé. Lo único seguro es que a mí Levitra y Cialis me funcionaron bien. 

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