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martes, 13 de agosto de 2013

¿Quién necesita aparatos de gimnasia?


Llegamos ayer por la noche de Marrakech y hoy tengo la mañana libre en la oficina, así que aprovecho para poneros al día de las últimas novedades. Tampoco es que haya gran cosa que contar, pero bueno. Lo mejor es que me he pasado cuatro días de relax total sin pensar en nada más que en disfrutar. El vuelo de ida se me hizo un poco largo porque lo de los aviones sigue sin ser lo mío. Llevo más de veinte años de aeropuerto en aeropuerto, pero sigo sin acostumbrarme a esa sensación de estar  colgado de ninguna parte. Ya sé que son más frecuentes los accidentes en la carretera, pero a mí me relaja eso de ir pegado a la tierra, de estar bien sujeto. Hasta en esto se me nota la vena neurótica, ese rollo aprensivo del que os había hablado hace tiempo. 

Lo que hago es tomarme una pastilla relajante e intentar dormir. A Anna le encanta hablar, estaba tan emocionada que parecía una niña. Estuvimos contándonos anécdotas de cuando hicimos nuestros primeros viajes, cuando salimos de nuestros países por primera vez, de lo asustados que estábamos y de lo mucho que, sin embargo, nos había gustado la experiencia. A ella también le encanta conocer sitios nuevos, en eso somos iguales. Por eso tenía la espinita clavada con Marrakech. A pesar de que no está tan lejos y que no es de los sitios más caros, nunca había ido. Y yo tampoco, aunque he estado por Túnez, Egipto y Jordania. A los dos nos ha gustado mucho Marrakech. Es una ciudad con encanto, lo reconozco. Anna se compró varias cosas en el zoco: un detalle para su madre (se va dentro de unos días a verla a Italia), un colgante de jade, un frasco de puro aceite de argán y un tinte raro que en Europa no se encuentra. No sé si he dicho que le encanta la artesanía y vende online cosas que hace ella misma, desde camisetas cusmotizadas a colgantes, tocados, etc. Que conste que esto no es publicidad subliminal… 

Esta mañana me he levantando pensando en ir al gimnasio. Estaba un poco agarrotado del viaje y me notaba pesado, como sin ganas. A mí lo de hacer ejercicio siempre me ha dado muy buen resultado. Me activa, me recarga las pilas y me motiva. Y cuando estaba dándole vueltas a todo eso, he escuchado a Anna ronronear a mi lado en la cama. ¿Quién necesita hacer pesas cuando puede tener otro tipo de sesiones de ejercicio? Estoy descubriendo una faceta desconocida en mí. Nunca me ha gustado demasiado levantarme y ver a una mujer compartiendo mi almohada. Pero ahora me gusta, me pone mucho esa idea. Me siento protegido por ella. Ha estado conmigo cuando más la necesitaba y ahora que estoy mejor, sigue aquí. No hago esto para recompensarla. Es que quiero estar con ella. 

jueves, 8 de agosto de 2013

Marrakech: allá vamos



Con el calor que está haciendo en las últimas en Londres, parece increíble pensar en irse a disfrutar del verano a otra parte. Creo que desde que vivo aquí (y ya van unos cuantos años) no he visto un tiempo tan cojonudo en esta época. Normalmente es mucho más variable, con una mezcla rara entre temperaturas suaves, nieblas, tormentas, lluvias repentinas, etc. A estas alturas estoy más que acostumbrado y, aunque suene de lo más quisquilloso, este calor sofocante me está cansando ya un poco. Si estuviera en España estaría encantado, pero es que esto en Londres no es normal. Lo que más odio es el bochorno con esa sensación de humedad  en el ambiente que casi te deja sin aliento. 

Pero esta tarde le diré hasta luego por unos días, a ver si a la vuelta no nos encontramos tampoco con un panorama radicalmente distinto (que no llegue el invierno de repente, ni nada por el estilo). Sí, hoy nos marchamos a Marrakech, después de semanas planeándolo. Salimos a las 14: 55 de Gatwick y llegaremos a Menara a las 17: 35. Así en abstracto suena a un tute impresionante, pero no es para tanto. Entre el desfase horario y que no viajaré solo, será más llevadero. Ya tengo la maleta lista desde ayer por la noche, así que esta mañana estoy en casa de relax hasta la hora de irme a la estación. He quedado con Anna en Victoria Station a las 11. Cogemos el tren a Brighton y en menos de una hora estamos ya en Gatwick. Me parece una estafa lo que cuesta para el trayecto que es, pero bueno. 

Cada vez que hablo de esta escapada a Marrakech se me pinta una sonrisa de subnormal que no me pega nada. Lo sé, pero es que no puedo evitarlo. Me choca notarme tan ilusionado, pero tengo ganas ya de llegar y disfrutar con Anna de estos días lejos de Londres. No habrá impotencia que me pare. Puede que cuatro días no sean suficientes para descubrir todo lo que un lugar como Marrakech seguro que tiene que ofrecer, pero los exprimiremos lo mejor que podamos. He estado echando un vistazo a webs de viajes y me he montado una especie de planning. Anna me deja hacer, como si fuese un niño con sus juguetes. La Medina es un must see, eso por descontado. Y luego quiero ir a pasear por las murallas, visitar el Jardín Majorelle y darme una vuelta por los mercados. Lo peor es que, como no somos musulmanes, lo de entrar en las mezquitas… como que no. Os tendré informados.