Mostrando entradas con la etiqueta terapia conductal. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta terapia conductal. Mostrar todas las entradas

jueves, 13 de junio de 2013

¡Habemus sexum!


Levitra funciona. ¡Sí, señor! Si fuese creyente, hoy por la mañana habría salido corriendo a primera hora para poner unas velas o dejar una limosna en la capilla del santo patrón de los impotentes. Que digo yo que, puestos a bendecir cosas, los hombres con problemas en el sexo también nos merecemos un poco de atención. Si los animales tienen a San Antonio y los conductores, a San Cristóbal, nosotros deberíamos tener alguien a quien encomendarnos. Sobre todo cuando el agobio es tan grande que parece que nunca más volverás a disfrutar de un buen polvo sin pensar en nada que no sea tu placer y el de ella.

¿Se nota que ayer fue una gran noche? Supongo que es la primera vez que escribo un post para este blog con tan buen humor. ¡Es que le estoy sonriendo al Mac de las narices! Como si pudiera entender lo bien que me siento conmigo mismo. He pasado tanto tiempo delante de su pantalla que es casi como de la familia. Horas y horas haciendo estudios de mercado, proyectos, previsiones, balances, cifras y más cifras… Eso sí, por mucho que adore su rendimiento no lo veo yo por ahora tan avanzado como para darme una palmadita en la espalda y felicitarme por haber vuelto por mis fueros.

Anoche quedé con Anna, sí. Media hora antes de salir de casa, me tomé la pastilla con un vaso de agua para que actuase antes. Había leído que las comidas grasas podían disminuir el rendimiento de Levitra, así que preferí mantenerme a pan y agua (con la promesa de tomarme un buen postre luego, claro). De repente noté como una bajada de tensión, pero enseguida me repuse. Sin problemas. Fuimos a tomar una copa rápida, pero yo no podía esperar para pasar a la acción. Me sentía a tope, como nunca en las últimas semanas. Y en la cama fue fantástico. Respuesta inmediata en cuanto empezamos a tocarnos. Anna me pone, pero ayer mi respuesta fue tanto física como emocional.  Hicimos doblete. Ella estaba encantada y yo, ¡ni te cuento! 

jueves, 18 de abril de 2013

Sigo preguntándome por qué



Ayer me llamó Anna al salir del trabajo. Dijo que tenía ganas de verme y que, si no estaba muy liado, podríamos ir a tomar algo a algún sitio por el centro. Nos va bien a los dos, a medio camino entre su piso y mi loft.  Así es como solemos hacerlo normalmente. Unos compañeros de la oficina me habían estado hablando por la mañana de un local muy cool y trendy cerca de Oxford Circus, así que quise dármelas de moderno y la invité allí. Nos encontramos en la estación del metro y en menos de 5 minutos estábamos ya en el Dirty Martini. Tiene su punto, sí. Pero para ser sincero no es que me fijara demasiado en la decoración del local. Con la italiana tenía suficiente material. Siempre me ha resultado sexy, pero no es lo que se suele decir un cañón. Anoche estaba fantástica. Y cuanto más la miraba, más flashes se me venían a la cabeza. 

¿La llevo a mi casa o nos vamos cada uno por nuestro lado? ¿La acompaño a su piso en plan caballero? En general no me gusta dejar la pelota sobre el tejado de las tías, no vaya ser que me hagan la cobra y me quede sin plumas y cacareando. Si uso bien mis cartas soy muy consciente de que llevo las de ganar. Normalmente, claro. Por eso siempre controlo la situación con un cierto margen de anticipación. Me la jugué y la invité a irse conmigo, sabiendo que si la cosa no marchaba tendría que acabar dándole boleto en plena noche. Había intentado controlarme con las copas para que el alcohol no perjudicara al soldadito en la batalla. Un par de vinitos para acompañar al cóctel de marisco y eché el freno. 

No voy a entrar en detalles, que aunque esté usando un pseudónimo sigo siendo un caballero, pero fue más que bien. Me sentí como hace tiempo que no lo hacía. Reconozco que estaba un poco nervioso cuando empezamos a enrollarnos. Tanto, que me temblaban un poco los dedos al desabotonarle la blusa, pero ella siguió sonriendo como si nada. Un encanto de chica, esta Anna. Y cuando noté que mi erección empezaba a crecer me vine arriba como un campeón. Tenía tantas ganas de penetrarla que me costaba centrarme solo en los prolegómenos. De todas formas, fui generoso y la hice disfrutar lo suyo. Hoy estoy más animado. ¿Y si lo de la impotencia solo era transitorio? He visto en algún sitio que a veces se da en tíos jóvenes, pero se pasa. Con un poco de suerte, dentro de nada ya no habrá motivos para que siga haciendo esto. Que conste que empieza a gustarme lo de escribir y tal, ¡eh!

martes, 16 de abril de 2013

He pensado en dejarlo, pero aquí sigo




Reconozco que el terapeuta tenía razón. Después de colgar mi primer post me sentía realmente bien. Como desahogado, libre de un gran peso. Pero vamos, que conforme ha ido pasando el tiempo y la adrenalina de la novedad se ha esfumado, he vuelto a la cruda realidad. He pasado de pensar que la idea del blog es una absoluta chorrada a creerme que con un simple click ya iba a curarme la olla. "Ni tanto ni tan calvo", me ha dicho el psicólogo (eso sí, en su perfecto inglés que suena más a "you must have patience" que a otra cosa). 

El fin de semana es toda una pesadilla para mí. Antes me sentía el rey del mambo y ahora me siento el último mono. Con Anna me va bien, pero no tenemos nada serio. Ni a ella le interesa ni es mi estilo. A mí me va más lo de ser un espíritu libre, relaciones abiertas, amigos con derecho a roce. Soy un caradura, pero uno en condiciones. Yo, por lo menos, las mimo y las trato como se merecen. Pero al grano: desde que soy consciente de que no siempre puedo funcionar en la cama, me corto mucho más. Supuse que sería más fácil si me centraba en la italiana y dejaba de tener rollos esporádicos durante una temporada. Últimamente quedamos el sábado o el domingo en su piso compartido o en mi loft. No soy un tío romántico, aunque sé cómo currármelo para camelarlas. Así que bajo las luces, conecto el hilo musical con algo clásico tipo Marvin Gaye o un poco más moderno (me pone escuchar a Sade, por ejemplo) y le sirvo una copa. Tengo un sexto sentido para adivinar cuándo está a punto. El problema es que me cuesta llevar la iniciativa. No puedo sacarme de la cabeza que no se me va a aguantar la erección

La cuestión es que he probado a masturbarme y ahí todo va como la seda. A mi ritmo, acelerándolo y ralentizándolo, voy notando cómo la cosa marcha. Y sí, se me pone tiesa. Ahora que me paso el día buscando información sobre la impotencia en Internet he encontrado algunas teorías que me acongojan (por no decir otra cosa). Un tío decía que los hábitos de masturbación pueden provocar disfunciones sexuales. Espero que no, pero ya no estoy tan seguro. ¿Por qué funciono a solas y tengo problemas para hacerlo con una mujer? El terapeuta dice que sufro un bloqueo emocional. Todo suena tan técnico y sencillo... 

jueves, 11 de abril de 2013

Si no sonara demasiado negativo diría que la vida es una mierda



Yo era un crack. Un crack en letras mayúsculas. Uno de esos tíos que saben que la gente los adora o los odia. No es que fuese un Beckham, pero ni falta que me hacía. Me tiraba un par de horas de gym tres veces a la semana, me compraba mi ropita de marca y vivía por y para mi trabajo. Soy web manager en una empresa de Londres y eso exige echarle tiempo y tiempo, sin pensar mucho en lo que te pierdes a nivel personal. Yo creía que no me faltaba nada. Las after work parties eran mi especialidad. Es cuestión de seguridad en uno mismo y un poco de jeta. Me las tiraba casi a pares. Y no soy ningún fantasma, que conste. Pero yo qué sé, será mi aspecto exótico de chico latino que las pone a muerte…

Hasta ahí todo normal. Un tío en sus cuarenta y pocos que aprovecha sus bazas en la City. Como yo los hay a patadas, estarás pensando. Supongo que sí. Hasta que se me fastidió (por decirlo de forma suave) el rollo. Hace unos meses conocí a una chica en un bar de Shoreditch, una tía muy normal pero con un punto súper sexy que me volvió loco desde el principio. Ella es italiana, de Turín, aunque nunca lo habría adivinado. Pelirroja y con unos ojos que deben de ser verdes, aquella noche no estaba yo como para situarla en el mapa. Le tiré la caña a distancia y ella se dejó hacer. Lo de resistirse no iba con ella porque estaba claro que yo le gustaba. Nos fuimos a mi loft y tardé menos de cinco segundos en llevármela a la cama. También tarde menos de 5 segundos en darme cuenta de que aquello no marchaba. Estaba muy caliente, pero no se me levantaba. Intenté disimularlo. No fui capaz. Ella se dio cuenta, claro. Se dedicó a intentarlo todo, no sé si para ahorrarme a mí el corte o porque necesitaba un polvo desesperadamente. Nada de nada. Al final le dije que mejor ya nos veríamos otro día. Por raro que suene, quise llamarla al día siguiente. Para disculparme y tal. Empezamos a vernos esporádicamente y acabamos otra vez en la cama. Esa vez sí funcionó,  aunque yo no estaba a tope como siempre. Desde entonces, siento que he estado jugando a la ruleta rusa. A veces me funciona y a veces no. 

Será por influencia americana, pero aquí lo de los terapeutas también tiene mucho tirón. Un colega de la oficina me recomendó que lo consultara, por si acaso. He empezado a hacer sesiones de terapia conductal cuando tengo algún hueco en la agenda. Este blog es una parte del tratamiento. Tengo que aprender a hablar de lo que me pasa para poder solucionarlo. Ahora sé que tengo problemas de impotencia en fase inicial. La vergüenza me impide dar mi verdadera identidad.