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jueves, 22 de agosto de 2013

¿Cómo se compra Cialis online?


Desde que empecé a escribir este blog, han sido muchos los hombres con mi mismo problema que se han puesto en contacto conmigo. Algunos han querido mostrarme su apoyo, otros me han agradecido el valor de intentar explicar cómo se siente un hombre ante la impotencia, los menos se han burlado de mi historia. Me siento cada vez más cómodo en mi faceta de blogger y realmente la estoy disfrutando. Me sirve de válvula de escape cuando me siento agobiado. Entre mi trabajo y mi caótica vida personal, hay días en que creo que me volveré loco. Hasta ahora no había sido demasiado consciente de cuánta falta me hace tener tiempo para mí, solo para mí. 

Además de las opiniones generales que he ido recibiendo, también he tenido algunas preguntas sobre la página web a través de la que he estado comprando mis pastillas para la impotencia. No pensaba que fuese a llamar tanto la atención el simple hecho de que haya decidido hacerlo online en lugar de ir a una farmacia física, la verdad. Para mí es algo bastante natural, teniendo en cuenta que me paso casi las 24 horas del día conectado a mi iPad, mi iPhone, mi Mac y toda la familia. Soy un hombre tecnológico, lo analógico me resulta lento y pesado. Así que no hay nada más cómodo que descargarte la app de la clínica online de turno y hacer un pedido a golpe de click. Vale que no puedes ver a las personas que lo están tramitando por ti, pero tampoco creo que sea del todo necesario. Si la página tiene los certificados de seguridad necesarios y usa Trustpilot para homologar los comentarios de sus clientes, no necesito mayor garantía. 

Hasta el momento, no tengo ninguna queja de 121doc. El sistema es rápido, los tratamientos son siempre originales y la atención es exquisita. Vale, ya sé que esto suena a rollo barato de un pelota que busca que le hagan un descuento en la próxima compra dándoles un poco de vaselina. En absoluto. Lo que quiero es tranquilizar a todos los que me siguen y tienen algún tipo de duda al respecto. En serio, tíos, no tiene nada que ver con esas páginas rollo spam que salen como setas y prometen venderte Viagra a precio de gominolas de supermercado. Sinceramente, no sé cómo alguien puede picar en algo tan básico. Solo con saber el precio real de los medicamentos en cualquier farmacia ya se puede deducir que se trata de un timo. Entiendo que la gente desconfíe de la venta de medicamentos en Internet, pero a veces nos llevamos gratas sorpresas. Yo le concedí el beneficio de la duda en su día y no me arrepiento. Es más caro, pero también es más discreto. Por mucho que estés en Londres, siempre da un poco de palo irte a la farmacia de turno a explicarle a un desconocido que tus erecciones no son que digamos… potentes. 

martes, 20 de agosto de 2013

De Levitra a Cialis para la impotencia


El otro día volví a las andadas. Había quedado para cenar en casa de Anna y decidí que esa noche pasaba de tomarme la pastilla. Después de estos primeros meses con Levitra, pensé que podía permitirme un descanso y, de paso, poner a prueba mi rendimiento. Nos bebimos una botella de vino y encargamos sushi en un restaurante del Soho que me encanta. El plan no era nada del otro mundo, pero teníamos ganas de hacer algo sencillo sin salir de casa. Todo iba sobre ruedas hasta que llegamos a los postres. Recogimos la mesa y una cosa llevó a la otra. Acabamos en el sofá, enrollándonos como dos adolescentes en plena furia hormonal. Me estaba poniendo muchísimo, así que me deshice de sus pantalones en un visto y no visto. Hice lo mismo con los míos, pero cuando estaba intentando penetrarla, me di cuenta de que había algo que no iba del todo bien. Estaba excitado, pero no conseguía entrar en ella. Estaba solo a media hasta. ¡Mierda! Lo dejamos un momento, aprovechamos para seguir besándonos, pero la cosa siguió sin mejorar. 

Así que está visto que, por muy bien que me haya estado sintiendo últimamente, mi impotencia temporal sigue estando ahí. Tendré que tener paciencia y volver a reanudar la terapia, que últimamente la he dejado de lado. Creo que hace ya un par de semanas que no he visto a mi psicólogo. Después de eso, he hablado también con el urólogo al que había ido hace unos meses y me ha dado luz verde para que pruebe otras pastillas para la impotencia distintas. Al final casi ha venido a reconocer que debería haberme recetado desde el principio Cialis, que quizás sea más adecuado para mí que Levitra. Así que ahora que me he asegurado bien de que puedo cambiar de pastillas para la impotencia, solo me queda volver a hacer un nuevo pedido online.

Lo bueno del sistema que descubrí cuando empecé a tomar Levitra es que en unas 24 horas puedo tener en casa el medicamento. Y el servicio es realmente profesional y serio. Cuando hice el primer pedido a través de la página 121doc no las tenía todas conmigo. Desconfiaba bastante de la fiabilidad de este tipo de negocios. Luego he visto que no, que es totalmente fiable, al 100%. La única pega es que me parece un poco caro, pero tampoco puedo quejarme. Teniendo en cuenta que toman todas las precauciones necesarias para garantizar que los medicamentos son efectivamente los que necesitan los pacientes y que trabajan con médicos oficiales, es normal. A ver si esta noche después del trabajo tengo un hueco para comprar Cialis online. No es que vaya a llevarme mucho tiempo hacerlo, pero últimamente estoy agotado. Todo sea por una buena causa. 

jueves, 15 de agosto de 2013

¿Debería cambiar de pastillas para la impotencia?


Hace unos dos meses que he estado tomando Levitra para la disfunción eréctil. Tengo que decir que me va fantástico, no tengo ninguna pega que ponerle. Lo único es que a veces pienso que si tomase otras pastillas para la impotencia a lo mejor podría tener unas erecciones mayores. A ver, que no es que haya nada de malo con mi rendimiento ahora mismo, pero me pica la curiosidad por saber cómo sería si empezase un tratamiento con Cialis, por ejemplo. Supongo que es una de esas fantasías que nos montamos todos los tíos, pero me gustaría hacer la prueba. Me pone eso de sentirme como todo un actor porno por una noche. Y, por supuesto, que Anna lo disfrute. 

¿Hasta qué punto les importan a las mujeres este tipo de cosas? Yo siempre he creído que cuanta mayor resistencia y potencia, mayor era el placer, pero tampoco es que me haya puesto a hacer encuestas entre mis conquistas. No ha sido necesario, vamos. Con ver su reacción ha bastado. Y, sin ánimo de ser un fantasma, siempre he dado la talla sobradamente. A veces me gustaría hablar más con Anna sobre sexo. Que me diga cómo se siente con lo que le hago, saber si le apetecería intentar algo nuevo, qué es lo que más le pone... Me he confiado demasiado en mi experiencia, pero Stephen me ha dejado caer que puedo estar siendo un "poquito" egoísta en ese tema. Por primera vez me apetece implicarme más, abrirme a ella. 

Volviendo al tema de cambiar de pastillas, consultaré con el urólogo al que fui la primera vez. Después de todo lo que he leído y oído sobre Viagra, creo que lo mejor es optar por Cialis.  Los efectos secundarios de la pastilla azul son como para cortarle el rollo a cualquiera. Que si dolores de cabeza insoportables, que si mareos, que si náuseas. Al final, tendrás una erección imponente, pero se te habrán pasado las ganas de echar un polvo. Levitra siempre me ha parecido la mejor opción, por mucho que sea la que suelen recetarle a los abueletes. A mí eso me la suda, lo que me importa es que no me provoque reacciones al tomarla. Cialis tampoco pinta mal. Los efectos son más o menos igual de buenos que los de la Viagra, pero normalmente sienta mejor al cuerpo. Lo que no necesito es Cialis diario, eso está claro. Lo mío es una de esas impotencias transitorias, secundarias. De hecho, estoy seguro de que si dejo de tomar Levitra, seré capaz de tener erecciones por mí mismo. Cuestión de confianza, me decía Stephen. A lo mejor no va tan desencaminado. 

martes, 6 de agosto de 2013

¿Por qué cuesta tanto hablar de impotencia?


Cuando me diagnosticaron de disfunción eréctil secundaria pensé que estaba acabado. Para mí, el sexo es una parte importante de mi vida. Lo necesito, me gusta y lo utilizo para canalizar muchas cosas que llevo dentro y de las que no soy capaz de liberarme de otra forma. Es una válvula de escape mejor que ir al gym y más placentera. No es que sea un adicto al sexo ni mucho menos, no nos engañemos. Supongo que al lado de tipos como Michael Douglas, Tiger Woods o Simon Cowell soy todo un aficionado a los líos de faldas. Lo mío no es tan compulsivo, vamos. Pero durante años he sido el mítico que sale a tomar algo y siempre se lleva un premio a casa. Eso sí, muy pocas han compartido luego cama conmigo. No había necesidad de fingir que era lo que no era. Nunca me ha gustado demasiado la sensación de pareja estable que da el despertarse al lado de la mujer con la que te has acostado la noche anterior. Demasiado íntimo, demasiado normal, demasiado comprometido. 

Durante semanas fui incapaz de contarle a nadie lo que me pasaba. Me sentía tan avergonzado que no sabía por dónde empezar. Además, ¿es estrictamente explicarle a tus colegas que no se te levanta? Si tampoco es que entremos en muchos detalles cuando hablamos de nuestros rollos, no sé hasta qué punto es necesario anunciar a bombo y platillo que se acabó lo que se daba. Miguel fue el primero y el único con el que hablé directamente sobre mi impotencia. No sé por qué, pero siempre hemos conectado bien desde que nos conocimos. Y necesitaba sacar de dentro toda esa angustia. Tampoco es que él me diera ningún consejo en especial porque no tiene ni idea del tema, pero estuvo ahí para escuchar mis ralladas y me sirvió de apoyo. 

Ahora que me siento mejor gracias a Levitra y que he recuperado mis erecciones, me doy cuenta de hasta qué punto este tema es importante para un hombre. No sé si a las mujeres les agobia tanto el llegar al orgasmo o la sensibilidad de su clítoris, pero para nosotros el rendimiento en la cama es clave. Lo digo por experiencia propia. Cuando me di cuenta de que no era capaz de tener una erección aunque estuviera excitadísimo, me sentí un auténtico eunuco. Me sentí menos hombre, no sé. Suena a macho alfa, pero ésa es la realidad. Para mí, la capacidad de darle placer a una mujer es importante en el sexo. Y si no puedo cumplir con una de las cosas más simples que se espera que yo haga, ¡apaga y vámonos! Stephen me ha ayudado a entender que tampoco es así, que debo tomármelo como algo más emocional y menos mecánico. Curiosamente, no entendía bien lo que quería decir hasta que he ido a más con Anna. En el fondo, ella es la mejor terapia conductual

jueves, 18 de julio de 2013

¿Se puede comprar Levitra en cualquier país?


Es increíble cómo pueden cambiar las prioridades de una persona. Hace un año por estas fechas recuerdo que estaba pensando qué hacer con la semana libre que me había reservado en agosto. Estaba dudando entre quedarme en Londres durante los Juegos Olímpicos o ir a visitar a la familia en España. El dilema se resolvió solo: un amigo me regaló un par de entradas para la final de los 100 metros masculinos y no pude decir que no. ¿Quién quiere perderse un carrerón de Usain Bolt? Desde luego, yo no. Así que estuve aquí todo el verano. No es que a mis padres les hiciera mucha gracia, que entre pitos y flautas no me habían visto el pelo desde las Navidades anteriores. Menos le hizo a mi hermana, que ya se había hecho todo un planning mental para reformar su apartamento con mi ayuda. 

Este año es distinto. Por lo menos, yo lo siento así. Hace unas semanas os comentaba que estaba planteándome la posibilidad de irme de vacaciones con Anna. Estuve dándole vueltas, pero no conseguía decidirme. No quiero sentirme tan atado a ella, aunque en el fondo no me disgusta la idea. Así que después de marear un poco la perdiz y de sondear el terreno, se lo pregunté. Ella, como siempre, fue una monada. No hizo ningún show en plan "oh, madre mía, esto es algo serio". Simplemente sonrió de esa forma tan suya que me pone tanto y me dijo que sí, que claro. Como si lo hubiera estado esperando, como si fuera algo muy natural. Bueno, en realidad supongo que lo es. ¿Cuánto hace que nos vemos? No soy muy de fechas, pero creo que ya hace casi medio año. Y eso, que nos vamos a Marrakech cuatro días. 

No os extrañará saber que soy un maniático del orden, así que cuando me preparo para un viaje tengo mi propio sistema para que no se me olvide nada esencial. Lo de que los tíos solo necesitamos un par de camisetas y unos gayumbos no va conmigo. Tengo tendencia a marearme en los trayectos largos y siempre llevo mis pastillas por si acaso. También me preocupo por las enfermedades propias del sitio en cuestión, no vaya a ser que empiece a notas síntomas raros y no tenga ni idea de qué me pasa. Y pensando en todo esto se me ha ocurrido una pregunta: ¿Se puede comprar Levitra en cualquier país? No es que vaya a ir a por Marruecos en busca de la pastilla perdida, pero me pica la curiosidad. Como lo he comprado online, nunca me he parado a pensar si en todos los sitios se comercializa por igual. No sé cómo podría averiguarlo. A lo mejor me paso por una farmacia en Marrakech y se lo consulto. Espero que Anna se preste a hacerme de intérprete. 

martes, 16 de julio de 2013

El priapismo da mucho miedo


Hace unas semanas, cuando estaba yo en plena investigación sobre mi problema y sus causas, me encontré con una enfermedad de la que no había oído hablar en mi vida. Si no hubiera sido de ciencias y hubiera estudiado un poco de griego en el instituto, seguramente podría haber deducido qué es el priapismo. Como la mitología antigua no es precisamente lo mío, me llevé un desagradable sorpresa al descubrir en qué consiste la enfermedad en cuestión. No sé cómo los tíos podemos vivir tranquilos con esa amenaza pendiendo sobre nuestras cabezas. 

Lo de que a los hombres nos importa mucho el estado de nuestro "amigo" no es un mito. Aunque a veces se exagere un poco, reconozco que es un tema que nos preocupa y mucho. Hace años conocí a una chica con la que salí durante unos meses y me explicó algo sobre el narcisismo masculino. Según ella, no es que estemos enamorados de nosotros mismos, sino de nuestro pene. Evidentemente, después de escuchar algunas cosas más por este estilo, corté por lo sano. Puede que penséis que soy un rancio, pero sigo sin verle el punto al sexismo (por muy cool que suene lo de ser feminista). Eso sí, reconozco que en parte no iba muy desencaminada. Lo de que echamos un vistazo al de al lado cuando meamos en público es cierto. Quien más, quien menos ha tenido la tentación de comparar tamaño y ancho. Vamos, que nos gusta inflar nuestro ego pensando que la tenemos más grande que el vecino. Por eso nos tomamos tan a pecho el rendimiento en la cama. Vamos que el gatillazo es nuestra peor pesadilla. Siendo realistas, la mayoría de los tíos han tenido alguna cagada de este tipo. Eso sí, pocos lo reconocerán (evidentemente). El problema surge cuando se convierte en una costumbre y no hay manera de acabar bien. 

Para curarse en salud, algunos toman la vía de en medio y toman pastillas como Viagra y cía. para garantizarse una buena erección. Parece un poco exagerado, pero las toman incluso los que no tienen ningún problema de impotencia. Simplemente porque les mola lo de ser auténticos toros en el sexo. Claro que así les va. Leyendo el prospecto de Levitra he visto que uno de sus efectos secundarios muy raros es el priapismo. Es, ni más ni menos, que estar empalmado durante horas y horas. No lo provoca ninguna estimulación sexual, por lo que da bastante rollo. Que de repente se te levante y no seas capaz de controlar la erección tiene que ser angustioso. Y doloroso, por lo que dicen. Lo peor es que si no acudes rápidamente a urgencias, el priapismo puede provocarte cangrena. Para que luego nos obsesionemos con aguantar horas y horas. Si al final los afortunados seremos los pringados que acabamos antes de empezar. 

jueves, 27 de junio de 2013

¡Quiero trabajar en Alemania! (porque Merkel los pone firmes)


A veces me cuesta reconocerme. Como me ha dicho Miguel hace un par de días, soy un hombre nuevo desde que vuelvo a follar al 100%. Era el único al que le había hablado de mi problema en profundidad, así que tenía ganas de contarle las buenas noticias también. Nos fuimos de pintas después del trabajo y, entre copa y copa, nos pusimos a hablar de lo bien que van las pastillas de Levitra. "¡En caso de que empieces a fallar, ya sabes, tío!", le dije. Aunque no se lo deseo ni al peor de mis enemigos… Según él, se me ve más relajado, volviendo a ser yo mismo. Hasta me nota otra vez el punto de chulería y arrogancia que siempre me ha echado en cara. A ver, yo soy (o era) así. Me gusto y no me importa demostrarlo, pero tampoco es que vaya arrasando como Atila. Simplemente, juego mis bazas con la habilidad de un maestro. Al fin y al cabo, ya peino canas. 

Pero no todo es hablar de sexo, que, aunque seamos hombres, no somos dos cro-magnones. Miguel está un poco preocupado porque en su empresa ha habido cambios en el equipo directivo y todavía no tiene muy claro cómo van a afectarle a él. Ha estado trabajando durante años como freelance y en diciembre pasado le propusieron ponerlo en nómina. En la mentalidad de nuestro país esto sería toda una noticia, pero no para Miguel. Como autónomo, evidentemente estaba obligado a pagarse su propio seguro y tal. Pero, al mismo tiempo, percibía una de dietas para parar un tren: por el transporte, por el Mac, por rendimiento, por incentivos, etc. Ahora, estando en plantilla, tiene un sueldo fijo y ya está. Por eso no está del todo satisfecho, a pesar de que en su momento fui un águila negociándolo y se cubrió bien las espaldas. El problema es que se siente anclado, sin margen de maniobra y con un panorama un poco raro entre sus jefes. 

La conversación se estaba volviendo un poco deprimente, hasta que Miguel se arrancó con una de sus ideas surrealistas. Dice que lo mejor sería irse a Alemania, como Alfredo Landa. "Seríamos la nueva generación de paletos españoles a la conquista de la tierra prometida, de las rubias tetudas y de las salchichas con cerveza". "Hombre, visto así tampoco suena tan mal", le contesté. Me parto con este tío. Siempre le ha gustado la mentalidad germana, su carácter racional en el trabajo y su capacidad de sacrificio. Eso sí, con un poco más de chispa serían ya perfectos. A lo mejor yo debería hacer lo mismo y empezar a buscarme un futuro en Alemania. Al fin y al cabo, Angela Merkel los pone a todos bien firmes y eso es, precisamente, lo que a mí me ha faltado en los últimos tiempos… 


martes, 18 de junio de 2013

Psicólogos: los reyes de la sensibilidad


Desde que he empezado a tomar Levitra antes de quedar con Anna, me siento como más seguro de mí mismo, más contento. Supongo que influye la tranquilidad de saber que, si la cosa se pone caliente, no tendré que irme por las ramas con alguna excusa barata. De todas formas, no he dejado de ir a terapia con Stephen. Él ha sido el primero en notar el cambio en mí, evidentemente. Está contento por ver que estoy mejor, pero lo he notado un poco escéptico. A lo mejor es por esa flema inglesa que se gasta o por la distancia profesional, no sé. Sin embargo, cuando le conté en la última sesión las novedades, se quedó más frío que otra cosa. Supongo que no quiere que lance las campanas al vuelo. Me ha dicho que una cosa es que yo consiga mantener relaciones sexuales con normalidad y otra muy distinta, haberme curado. ¿Y cuál es la diferencia, si se puede saber?

Me ha dicho muchas veces que tengo un problema conductual que va más allá de si se me levanta o no. Básicamente, la cuestión es que soy una persona excesivamente materialista. Con eso quiere decir que no doy toda la importancia que debería a mi lado emocional y sensible. Soy frío y establezco relaciones puramente funcionales con mi entorno. Dicho en cristiano: que me gusta controlar la situación y nunca me dejo llevar. Por eso, la impotencia en mí es doblemente complicada. Me frustra no ser el resultadista de antes. Según su diagnóstico, hago de las personas objetos. Me resultan útiles en un momento dado, pero no las necesito. Por eso no tengo una lista infinita de amigos ni siento la necesidad de ampliar mi círculo de conocidos. Me sobra y me basta con los que tengo. Sé que me cuesta abrirme a otra gente y que no resulto demasiado espontáneo por eso. Sin embargo, me gusta cuidar esa apariencia de hombre inaccesible, con un punto de arrogancia y siempre profesional aunque distante. 

Hace tiempo, mi terapeuta me dijo que no sé relacionarme con las mujeres. O al menos, no lo hago -en sus propias palabras- de una forma "sana". Según él, sé lo que yo quiero y no me intereso por averiguar qué quieren ellas. Que no me importan. Con Anna empieza a ser distinto, creo. En cierto sentido, sé que Stephen tiene razón. Pero, a veces, me molesta que me demuestren tan claramente mis errores y mis puntos flacos. No estoy demasiado acostumbrado a ello. A veces me siento un poco contra las cuerdas durante las sesiones. Supongo que es así como funciona la psicología. 


jueves, 13 de junio de 2013

¡Habemus sexum!


Levitra funciona. ¡Sí, señor! Si fuese creyente, hoy por la mañana habría salido corriendo a primera hora para poner unas velas o dejar una limosna en la capilla del santo patrón de los impotentes. Que digo yo que, puestos a bendecir cosas, los hombres con problemas en el sexo también nos merecemos un poco de atención. Si los animales tienen a San Antonio y los conductores, a San Cristóbal, nosotros deberíamos tener alguien a quien encomendarnos. Sobre todo cuando el agobio es tan grande que parece que nunca más volverás a disfrutar de un buen polvo sin pensar en nada que no sea tu placer y el de ella.

¿Se nota que ayer fue una gran noche? Supongo que es la primera vez que escribo un post para este blog con tan buen humor. ¡Es que le estoy sonriendo al Mac de las narices! Como si pudiera entender lo bien que me siento conmigo mismo. He pasado tanto tiempo delante de su pantalla que es casi como de la familia. Horas y horas haciendo estudios de mercado, proyectos, previsiones, balances, cifras y más cifras… Eso sí, por mucho que adore su rendimiento no lo veo yo por ahora tan avanzado como para darme una palmadita en la espalda y felicitarme por haber vuelto por mis fueros.

Anoche quedé con Anna, sí. Media hora antes de salir de casa, me tomé la pastilla con un vaso de agua para que actuase antes. Había leído que las comidas grasas podían disminuir el rendimiento de Levitra, así que preferí mantenerme a pan y agua (con la promesa de tomarme un buen postre luego, claro). De repente noté como una bajada de tensión, pero enseguida me repuse. Sin problemas. Fuimos a tomar una copa rápida, pero yo no podía esperar para pasar a la acción. Me sentía a tope, como nunca en las últimas semanas. Y en la cama fue fantástico. Respuesta inmediata en cuanto empezamos a tocarnos. Anna me pone, pero ayer mi respuesta fue tanto física como emocional.  Hicimos doblete. Ella estaba encantada y yo, ¡ni te cuento! 

martes, 11 de junio de 2013

La impotencia tenía un precio




Ya lo decían Clint Eastwood y cía. en aquel spaghetti western mítico que tantas veces he visto cuando era un niño. Ellos se referían a la muerte, pero para mí los episodios de impotencia se han convertido en los últimos meses en una pequeña muerte sexual (y social). Tanto es así que he dejado de saltar de mujer en mujer para limitarme a solo una con la que me siento más confiado y relajado. Mi terapeuta lo llama "sentir algo por alguien", pero a mí la idea del amor todavía me escuece un poco. Prefiero verlo con más distancia y no ponerle etiquetas a lo que tenemos. De hecho, ¿tenemos algo?

La disfunción eréctil me está costando cara, sí. Entre lo desquiciado que me tiene la cuestión de no poder ser dueño al 100% de mi rendimiento en la cama y el cóctel de ideas que me está infiltrando Stephen sesión a sesión, ya no sé ni adónde voy. Lo peor es que, ahora que me he decidido a probar las pastillas para la impotencia, me estoy echando atrás. No es que vaya a tirarlas ni a regalárselas al primero que se me cruce por la mañana en London Bridge, pero las tengo apartadas. He dejado la caja de Levitra en un cajón de mi mesita de noche, tan cerca y tan lejos. Estoy un poco acongojado (por no decirlo de otra forma). La lectura del otro día me ha dejado bastante rallado con el tema de los efectos secundarios. Supongo que tengo que dejar de pensar en los contras y centrarme en los pros del tratamiento para la impotencia.

Al fin y al cabo, he pagado 80 euros por una cajita de 4 pastillas de Levitra de 5 mg. Es la dosis mínima, así que se supone que sus contraindicaciones deberían ser todavía menores. Mañana puede que quede con Anna y pruebe a tomarme una cápsula. A ver qué tal funciona. Si da buen resultado, el día menos pensado me animo con una dosis más alta. O con el otro Levitra, el Levitra bucodispersable. Tiene muy buena pinta. Es como las nuevas Aspirinas, que no necesitan agua. Estés donde estés, te metes la pastilla en la boca y ahí se va disolviendo. Media hora después, estás listo para plantar batalla. O lo que haga falta…

jueves, 6 de junio de 2013

¿Qué hace un hipocondríaco leyendo los efectos secundarios de Levitra?

Buena pregunta. Y es que, aunque intento disimularlo y controlarme lo máximo posible, soy un hipocondríaco total. Ya de niño me agobiaba pensar en la cantidad de enfermedades que había en el mundo y en todas esas personas con las que me cruzaba cada día y que, potencialmente, podían infectarme. Si notaba el mínimo escozor en la garganta, tomaba miel como un poseso. Si me pesaban los ojos, es que estaba a punto de desarrollar una gripe y me metía en la cama nada más llegar del colegio. Sé que es algo irracional y con el tiempo he conseguido relajarme un poco, pero todavía me cuesta. Siempre tiendo a pensar en negativo sobre cuestiones de salud. Odio la enfermedad y veo su alargada sombra dondequiera que voy. 

Sin embargo, tampoco soy una fan de las medicinas. Evito todo lo que huela a dolor y sufrimiento, desde los hospitales a las pastillas. Es curioso, porque eso me convierte en un hipocondríaco de lo más raro. Me paso la vida protegiéndome por si acaso, pero suelo confiar en la naturopatía. Hasta ahora me ha funcionado bastante bien. Toco madera, porque hasta ahora he tenido una salud de hierro. Por eso me siento desarmado ante mis problemas de erección. No entiendo por qué mi cuerpo me está traicionando de esta forma. En contra de mis propios principios, me he aventurado a comprar un tratamiento para la impotencia. He oído y leído tanto últimamente sobre cómo funciona Levitra que podría escribir una tesis doctoral sobre el tema. Si he elegido esa pastilla es porque, en teoría, corro menos riesgo de sufrir reacciones adversas. Algo es algo. 

Solo a mí se me ocurre ponerme a vueltas con el prospecto de Levitra. En lugar de confiar a ciegas en la recomendación del urólogo, me entró la curiosidad y me puse a leerlo. Ya dicen que la curiosidad mato al gato (y casi hace lo mismo conmigo). ¿Qué pasa si soy uno del 2% de hombres que desarrolla alguno de los efectos secundarios de la dichosa píldora? ¿Y si empieza a ponérseme la cara roja como una berenjena y acabo pareciendo un "guiri" al sol de Benidorm? La congestión nasal, la fatiga y la somnolencia parecen soportables pero me imponen más los dolores de cabeza, la visión borrosa y las náuseas. A ver si por tomar Levitra no voy a poder centrarme en el trabajo. Por no hablar de las taquicardias o la tensión alta… Intentaré no pensar más en ello o me volveré loco (y seguiré siendo impotente). 


jueves, 23 de mayo de 2013

Conjugando la impotencia: yo Viagra, tú Cialis, él Levitra...


Ya sé que Stephen es solo un psicoterapeuta, pero es MI psicoterapeuta y tengo tendencia a consultar con él todas las dudas que me van surgiendo sobre mi "problema". Por lo que he sabido, hay muchos hombres que no tienen realmente impotencia y toman pastillas para que se les levante. Puede parecer una chorrada -y probablemente lo sea-, pero muchos creen que cosas como Viagra pueden ayudarte a redondear la faena. A ver, yo nunca lo haría. Si funcionas, funcionas. Esto es blanco o negro, no hay medias tintas. Vale que unos días estás más cansado que otros y no te paras tanto en los detalles, vas al grano y solo quieres echar un polvo para descargar y punto. Pero lo asumes y sabes a lo que vas. No por ir más rápido lo disfrutas menos tampoco. Y otras veces no estás tan inspirado y pasas de echarle fantasía, te pliegas al misionero y tan contentos. Sinceramente, no siempre se puede ser un crack del sexo, ni falta que hace. Y lo digo yo, que si de algo entiendo es de seducir y ejecutar. 

La cuestión es que he visto que los medicamentos para la disfunción eréctil funcionan tanto para impotentes totales como para los ocasionales. El urólogo considera que mi problema es transitorio, así que con un poco de suerte dentro de poco tiempo estaré recuperado. Lo peor es que parece que es de origen psicológico, que es mi cabeza la que no deja que se me levante. Vamos, que tengo el enemigo en casa. La buena noticia es que no tengo ningún defecto ni ninguna historia de la circulación que haga que no se me ponga dura. Dentro de lo que cabe, es todo un alivio. También me ha dicho que puedo intentar combinar la terapia con un tratamiento para la impotencia, que a lo mejor el psicólogo no es suficiente. Que las pastillas me ayudarían también a mejorar mi nivel de confianza, dice. Sorprendentemente, Stephen no es demasiado partidario de la medicación. Todo pasa por reprogramar mi mente. Pero, de todas formas, me ha dado luz verde para probar unas pastillas para la disfunción eréctil. 

Admito que siempre me dejo llevar por la publicidad y las marcas, es lo que tiene dedicarse al marketing. Por eso había pensado en elegir Viagra. Es la más conocida, ¿no? Pero el urólogo dice que quizás me vaya mejor Levitra. Con unos efectos similares,  es más suave. No más suave en términos de rendimiento, sino que corro menos riesgo de sufrir alguna reacción al tomarlo. Empezaré por el de 5 mg y a ver cómo me va. El terapeuta me ha sugerido que lo hable con Anna. Que me acueste con ella no significa que sea mi pareja. ¿O sí?